miércoles, 13 de agosto de 2014

Misterios en torno a la figura de Cervantes I

Tras los restos de Cervantes en las Trinitarias
Un georradar ha comenzado a buscar los restos de Miguel de Cervantes Saavedra en el convento de las Trinitarias, cuando se cumplen 398 años del enterramiento del escritor. Es la primera vez que se trata de localizar la tumba del autor de "El Quijote" fallecido en 1616, a pesar de que un estudio de la Real Academia Española documentó que sus restos nunca salieron de las Trinitarias.
En este convento situado en pleno barrio de Las Letras se cree que fue enterrado Cervantes en cumplimiento de su expreso deseo.
Con ayuda de un georradar y un infrarrojos -que calcula los cambios de temperatura- el equipo de investigadores tomará previsiblemente durante tres días muestras del suelo, las paredes de la iglesia y una cripta a la que nadie accede desde 1955.

La investigación, está dividida en tres fases, si bien para la primera fase solamente hará falta procesar toda la información, obteniendo una imagen tridimensional completa de todo el edificio», que facilitará al Ayuntamiento y al forense para que éste, en el caso de que sea viable, dirija una excavación «selectiva y cuidadosa» que permita recuperar los restos de Cervantes.
Si la primera fase arroja un resultado positivo, se pasaría a la segunda parte, la de la extracción de los restos.
Una vez recogidas las muestras, se iniciaría la última fase, la del laboratorio, consistente en analizar los restos, que esperan identificar gracias a caracterizaciones antropológicas como las lesiones que el escritor sufrió en la Batalla de Lepanto de 1571  -dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda-.
Tras culminar el trabajo del georradar, que duró sobre el terreno una semana y el análisis de los datos obtenidos, cuatro semanas más, comienza ahora la fase más delicada. La nueva etapa va a consistir en la instalación de un equipo de diez forenses y arqueólogos que se va a dedicar durante al menos una semana, a abrir la treintena de nichos que contiene la cripta y a examinar su estado y composición. Luego, se iniciará otra fase de laboratorio, consistente en seleccionar aquellos fragmentos de huesos que contengan los elementos identificatorios más relevantes de los hallados en los nichos.
El equipo de investigadores forenses deberá determinar si entre los rasgos que singularizan esos materiales óseos hallados en las oquedades descritas existen concomitancias con los presumibles efectos del plomo arcabucero que dañó el esternón de Cervantes en la batalla de Lepanto en 1571, o bien indicios de la atrofia que caracterizó la mano izquierda del genial novelista.



Se considera menos probable que los huesos de la muñeca, por su constitución más frágil, se conserven aunque no se descarta que lo hagan los del esternón, de mayor consistencia ósea y tamaño. Si los huesos hallados, que son de origen calizo, conservan un espesor determinado pueden permitir un análisis completo de alta fiabilidad. En un principio se pensaba que la determinación de la identificación de los huesos encontrados, en el caso de que reúnan las particularidades descritas atribuidas a Cervantes, no podrían contar con el cotejo de ADN, procedimiento usualmente empleado en tales casos. Ahora, el equipo investigador pondera la posibilidad de cotejar el material óseo hallado con los restos mortales de Luisa de Belén Cervantes Saavedra, hermana de sangre de Cervantes, enterrada en un céntrico convento de clausura de Alcalá de Henares. Tampoco se descarta la posibilidad de que puedan servir para el cotejo los restos óseos existentes en un panteón funerario de la catedral de Lugo, perteneciente al linaje nobiliario de los Saavedra —apellido presumiblemente originario de Miguel de Cervantes que algunos estudiosos creen que sus antecesores habrían cambiado por razones políticas tras su persecución por los Reyes Católicos—. Los miembros del equipo investigador no desean quemar etapas y prefieren atenerse a criterios científicos reiteradamente probados, que garanticen, por su prudencia, un ajuste de la información al curso, evidentemente, delicado y lento de la investigación.

Es preciso destacar que la exhaustividad del análisis de las oquedades y de los accesos a estos agujeros subterráneos detectados por el radar geológico va a permitir obtener un aluvión de datos morfológicos, geológicos, arqueológicos y forenses sobre el contorno histórico en el que se desarrolló la muerte y sepultura de Cervantes. Ello ha sido posible, gracias a la naturaleza del suelo en esa zona de Madrid que está situada en las inmediaciones de la zona más alta de la inclinada calle de Atocha que en el siglo XVII era la principal arteria capitalina de Madrid. “Hemos encontrado menos humedad de la esperada, pese a haber sido el año pasado y lo que va de este años muy húmedos”, explicaba recientemente y con satisfacción el investigador Avial, que remarca que “son las humedades subterráneas los principales causantes de la erosión de los materiales existentes en el subsuelo, incluyendo la de los propios huesos de difuntos”.

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